¿TÚ TAMBIÉN, BRUTO?

Este título es una frase histórica que sigue siendo muy actual, en la medida que nos habla de las traiciones de personas cercanas y de relaciones basadas en amores falsos.

En cualquier contexto familiar, laboral, social o político es importante distinguir entre intereses particulares, sobre todo económicos, de las reglas de convivencia y los acuerdos negociados que sustentan una confianza y satisfacción mutua.

Si nuestra cultura favorece la competitividad a cualquier precio y el yo gano/tú pierdes, no puede extrañarnos el que abunden los abusos, las mentiras, las traiciones y las manipulaciones desde diferentes roles.

En el Análisis Transaccional y en la Ecología Humana hablamos del Triángulo Dramático o Locódromo, en cuyos vértices están los roles de Perseguidor (el malo), de Salvador (el bueno) y de Víctima (el tonto que exagera su impotencia). En dicho Triángulo siempre hay que estar moviéndose, para poder sobrevivir a la falta de amor auténtico, y una de las movidas más peligrosas es cuando el Salvador o la Víctima se desenmascara y se convierte en Perseguidor.

Hasta César, que era consciente que conspiraban para asesinarlo, fue sorprendido por la traición mortal de un grupo de amigos y amantes que querían seguir aprovechándose de las mayorías desde sus poltronas políticas.

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